Dolores Aleu Riera, pionera de la medicina en España


Presencia de las mujeres en el mundo sanitario

Aunque hoy, bien entrado el siglo XXI, la presencia de mujeres en la sanidad es muy superior a la de hombres, hace 150 años resultaba un hecho insólito que una mujer pudiera acceder a la profesión médica o, ni tan siquiera, interesarse por ella.

En la España de mediados/finales del siglo XIX la representación de mujeres en la sanidad estaba muy limitada al ámbito asistencial.

En aquellos años el ejercicio de esta actividad profesional estaba muy ligado a las órdenes religiosas católicas, y la mayor parte de las enfermeras eran religiosas o estaban supervisadas por ellas.

Aunque Florence Nightingale, la que es considerada madre de la enfermería moderna, ya se había destacado por los servicios prestados durante la Guerra de Crimea en la década de 1850, su influencia tardaría aún décadas en llegar a España.

Dolores Aleu, una mujer determinada a ejercer la medicina

En este contexto de mínima presencia de mujeres en el mundo profesional en general, y en el sector sanitario en particular, crece Dolores Aleu en Barcelona.

Su origen burgués parecía conducirle inequívocamente hacia el destino de la mayor parte de sus contemporáneas: casarse con un hombre de su posición, formar una familia, cuidar de los hijos y dedicarse a las tareas del hogar que se consideraban propias de la mujer en aquellos años.

Sin embargo, el apoyo incondicional de su familia ayudó a Dolores a lograr ser la primera mujer licenciada en medicina en toda España al completar esta carrera en 1879, tras autorizar el Rey Amadeo I, mediante una Real Orden, la posibilidad de que las mujeres estudiaran oficialmente Medicina.

Pese a todo, conseguirlo no fue tarea fácil. Para evitar las pedradas con las que en alguna ocasión le habían recibido a su llegada a la facultad, Dolores se veía obligada a asistir a las clases con dos escoltas que pagaba su padre, alto funcionario de la policía.

Pese a terminar sus estudios con excelentes resultados a los 22 años, no obtuvo el permiso para hacer el examen de licenciatura hasta tres años después. En una primera instancia presentada al año siguiente, el Ministerio de Educación le había denegado la solicitud de acceder a los exámenes para obtener el título de cirujano. Los funcionarios escribieron a la universidad para comprobar si realmente era cierto que una mujer se había matriculado y había cursado la carrera de medicina.

Un alegato en favor de la igualdad

La presentación de su tesis doctoral también en 1882, se convirtió en un alegato en defensa de la educación de la mujer. Dolores hizo prueba de mucha valentía ya que defendía su tesis ante el tribunal de médicos que previamente le había denegado su derecho a presentarse.
Su mensaje en favor de la igualdad podía considerarse un desafío al tribunal.

Hemos sumido sus músculos en la inacción; hemos apagado el fuego de su inteligencia; hemos extremado su sensibilidad física; hemos fanatizado sus sentimientos; la hemos segregado del comercio social; la hemos despojado de todo derecho político; la hemos encerrado en el hogar; la hemos desposeído de aptitudes para el trabajo y la hemos incapacitado para ganarse el sustento, inutilizándola para vivir sin tutela…

Tras doctorarse en la especialidad de ginecología y pediatría, comienza a ejercer su profesión. Tuvo dos consultas en Barcelona donde trabajó durante 25 años. En ellas atendió a pacientes de todas las condiciones: burguesas que llevan años con dolencias ginecológicas sin atender por vergüenza de acudir al médico, prostitutas, madres solteras, mujeres acogidas en instituciones benéficas y niños de la Casa de la Caridad.

Un largo camino hacia una igualdad real

En la misma época en la que Dolores realizó sus estudios, algunas otras mujeres fueron pioneras de la medicina en España, como Martina Castells Ballespí o Elena Maseras.

A pesar de todo y pese a que en los primeros años del siglo XX se produjo un impulso en las reformas sociales que favorecían la lucha por los derechos de las mujeres, no fue hasta mediados del siglo XX que empiezan a licenciarse nuevamente médicas, esta vez, ya, de forma normalizada.

Hoy las mujeres son mayoría en los hospitales españoles. Sin embargo, cuando se trata de acceder a puestos directivos o de mayor responsabilidad, pese a tener las mismas capacidades y preparación, las mujeres son minoría.

Poca presencia de mujeres en puestos de responsabilidad

Los Colegios Médicos Provinciales están dirigidos en más de un 90% de los casos por hombres. Los Colegios Oficiales de Farmacia muestran una presencia femenina ligeramente superior. En lo que respecta a las sociedades científicas, tampoco encontramos paridad y, pese a que son mayoría entre sus filas, su representación disminuye a medida que aumenta la responsabilidad del cargo.

La lucha constante de las mujeres está permitiendo que las Consejerías de Sanidad y Salud de las comunidades autónomas comiencen a implantar planes de igualdad en los servicios de salud y a poner en marcha políticas de género que logren una igualdad real entre sanitarios y sanitarias.

Aunque en Sanidad seamos mayoría, tenemos mucho que reivindicar

 

 

 

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