Trombosis arterial femoral tras artroplastia de cadera: la importancia de la sospecha clínica precoz

La artroplastia total de cadera (ATC) es uno de los procedimientos más frecuentes y coste-efectivos en cirugía ortopédica. Aunque presenta una elevada seguridad, pueden aparecer complicaciones poco habituales pero potencialmente graves, como las lesiones vasculares. Su baja incidencia no debe minimizar su impacto clínico, ya que pueden comprometer la viabilidad del miembro inferior. La detección precoz de la isquemia aguda en el postoperatorio inmediato es determinante para el pronóstico funcional y sitúa al anestesiólogo en una posición clave dentro del abordaje multidisciplinar.

Presentación del caso

Varón de 66 años intervenido de forma programada de artroplastia total de cadera izquierda por coxartrosis. Como antecedentes destacaban hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2, epilepsia en tratamiento con carbamazepina y enfermedad renal crónica leve, sin antecedentes de cardiopatía ni vasculopatía periférica. Fue clasificado como ASA II tras la valoración preanestésica. La intervención se realizó mediante abordaje posterior, en decúbito lateral derecho, bajo anestesia subaracnoidea asociada a sedación. Siguiendo el protocolo del centro, se administró ácido tranexámico intravenoso. El procedimiento quirúrgico transcurrió sin incidencias aparentes.

A su llegada a la Unidad de Recuperación Postanestésica, el paciente presentó palidez, frialdad distal, enlentecimiento del relleno capilar y ausencia de pulsos palpables en la extremidad intervenida. Tras esperar la resolución del bloqueo neuroaxial, persistieron los signos de isquemia, por lo que se solicitó valoración urgente por Cirugía Vascular. La ecografía Doppler a pie de cama evidenció un trombo intraluminal en la arteria femoral común.

Se indicó reintervención urgente. Durante la cirugía se constató lesión de la íntima arterial, lo que imposibilitó la trombectomía,  por lo que se llevó a cabo un bypass femoro-femoral con prótesis de Dacron de 7 mm bajo anestesia general. La evolución postoperatoria fue favorable, sin necesidad de transfusión ni complicaciones añadidas. El estudio cardiológico posterior descartó una fuente embolígena central, atribuyéndose el evento a un traumatismo arterial iatrogénico.

Discusión

Las complicaciones vasculares asociadas a la ATC son inusuales (inferior al 0,5%), pero potencialmente muy graves si no se identifican y tratan de forma inmediata.

En la mayoría de los casos, no se deben a émbolos de origen central, sino a un daño arterial local. Entre los factores implicados destacan la enfermedad ateroesclerótica subyacente, la tracción excesiva del miembro y la colocación inadecuada de separadores. Los retractores pueden provocar compresión directa o lesiones de la íntima arterial, favoreciendo la trombosis in situ, que puede pasar inadvertida durante el acto quirúrgico en ausencia de sangrado significativo.

Aunque el abordaje posterior tiene menor riesgo de complicaciones vasculares, no está exento de riesgo, especialmente en situaciones de exposición limitada o anatomía compleja. La experiencia del cirujano y el respeto de los planos anatómicos son factores determinantes para minimizar estas complicaciones.

Desde el punto de vista anestésico, el uso de técnicas locorregionales pueden dificultar el diagnóstico inicial, ya que el dolor isquémico puede quedar enmascarado. Por ello, es esencial una vigilancia estrecha del miembro intervenido en la Unidad de Recuperación Postanestésica.

La valoración clínica seriada y la ecografía Doppler a pie de cama, permiten un diagnóstico precoz y la rápida puesta en marcha del tratamiento. En estos casos, la revascularización urgente es clave para preservar la viabilidad del miembro, siendo frecuente recurrir a técnicas reconstructivas cuando existe daño intimal.

Conclusión

La embolia o trombosis arterial tras artroplastia total de cadera es una complicación poco frecuente, pero grave. La sospecha clínica precoz y la actuación coordinada entre anestesiología, traumatología y cirugía vascular resultan determinantes para la preservación del miembro. Este caso refuerza el papel esencial del anestesiólogo en la detección temprana de la isquemia postoperatoria.

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