El engaño de los Gauge


El flujo que nos pueden facilitar los catéteres centrales es vital para poder administrar la cantidad adecuada a los pacientes que precisen un aporte alto y rápido de fluidos, pero… ¿nos fijamos realmente en el indicador adecuado?, ¿realmente los gauges nos indican que el flujo que permitirá aportar la luz del catéter es el óptimo?

Cuando un profesional se encuentra en la tesitura de seleccionar el catéter central ideal para su procedimiento dispone de multitud de opciones. Uno de los criterios que el profesional sigue es fijarse en las medidas de sus luces internas.

Las unidades de medidas que encontramos para agujas, catéteres y sondas son tres:

  • Gauge (G): que se utiliza para agujas y catéteres cortos
  • French (Fr): que se utiliza para catéteres Ø (mm)=Fr/3
  • Charrière (Ch): que se utiliza para sondas Ø (mm)=Ch/3

Los French y Charrière tienen la misma equivalencia en milímetros dado que ambos se basan en la Escala de Charrière. Fabricante de instrumentos quirúrgicos de París del siglo XIX.

Su denominación varia dependiendo de si nos encontramos en países francófonos donde recibe el nombre de Charrière o en los anglófonos donde se le llama French.

Por su parte, el gauge tiene su origen en Reino Unido y el término se relaciona con la palabra francesa ‘gauge’. Que significa literalmente ‘calibre’ .

El origen de esta escala de medida no es precisamente la medicina. Si no que comenzó siendo una medida utilizada para la medición de cables.

Históricamente se utilizaron varias escalas, entre las que destacaron la S.W.G. (Standard Wire Gauge), la A.W.G. (American Wire Gauge) y la B.W.G. (Birmingham Wire Gauge).

De todas ellas, la B.W.G. o escala de Birmingham, fue adoptada por la industria médica para la medición de dispositivos vasculares.

Una razón importante para la estandarización del gauge en el s. XIX fue la comodidad para los fabricantes. No obstante, no siempre es lo más recomendable fijarse únicamente en esta unidad de medida.

Estas unidades de medida expresan el grosor de los dispositivos tubulares de forma diferente. Mientras los French o Charrière a mayor valor, más grueso es el catéter o sonda. En el caso de los Gauge, cuanto mayor es el G más fino es el dispositivo.

A mediados del siglo XIX, trabajando por separado, el fisiólogo alemán Gotthif Hagen y el médico francés Jean Louis Marie Poiseuille describieron por primera vez las propiedades del flujo laminar estacionario ΦV de un líquido incompresible y uniformemente viscoso, también denominado fluido newtoniano, a través de un tubo cilíndrico de sección circular constante.

Sus investigaciones se plasmaron en la ecuación de Hagen-Poiseuille:

Q = ΔP. ( πr4 / 8μL )

Esta ecuación determina que un flujo constante (Q) en un catéter está directamente relacionado con el gradiente de presión a lo largo del catéter (AP). Y a la cuarta potencia del radio interno del catéter (r⁴). Inversamente relacionado con la longitud del catéter (L) y la viscosidad del fluido (µ).

Tal como se indica en la ecuación de Hagen-Poiseuille. La influencia comparativa del diámetro y la longitud del catéter, indica que, cuando se precisa una infusión rápida de volumen. El catéter que se debería seleccionar será de gran calibre, siendo, a su vez, la elección óptima un catéter lo más corto posible.

En los CVC multilumen el diámetro exterior o calibre se expresa en FR, en cambio, el diámetro de sus luces internas en G. Podemos suponer que estos márgenes “incluidos entre”, que encontramos en la tabla anterior, tienen una influencia muy alta en el flujo que nos puede dar cada luz de un CVC.

No podremos pasar el mismo flujo por una luz G14 de 1,90mm que por una de 2,1mm, estando ambas dentro de los márgenes de medida que nos indican este G14.

Entonces, ¿dónde está el engaño de los gauges?

Los Gauges, como hemos visto, no siempre son un indicador fiable. Ya que un mismo catéter multilumen no tiene por qué guardar una relación exacta entre el diámetro externo (cuya medida se indica en French) y la suma de los diámetros internos de las diferentes luces del catéter (expresada en Gauges). La cual tiende a guardar una representación superior en milímetros que la proporcionada por el diámetro total del catéter central.

Esto sucede porque una elevación del radio (r⁴) tiene gran influencia en el caudal que el dispositivo tubular puede proporcionar.

Por tanto, al fijarnos únicamente en el valor que nos indican los Gauges podríamos llegar a administrar un flujo inferior a lo esperado. Con el consiguiente riesgo para el paciente (hemodiálisis, cirugía cardíaca, heridas sangrantes en urgencias…). Por consiguiente, para poder estar seguros de que el catéter seleccionado nos dará el flujo adecuado a su uso, es importante prestar atención al flujo nominal, por gravedad, que nos indique el fabricante.

 

Bibliografía:

[1] L. Marino, Paul. (2016) The ICU book , Lippincott Williams & Wilkins, a Wolters Kluwer business, USA.

 

Si quieres saber más sobre este tema, rellena el formulario con tus datos y dudas e intentaremos ayudarte a resolverlas.
Tranquil@, esto NO es una lista de SPAM.
SOLO utilizaremos tus datos para responder a las preguntas que nos hagas.

Más información 

Previous ENFit un sistema incompatible con la seguridad neonatal II
Next Por qué se produce la neumonía asociada a la ventilación (NAV)

Sin Comentarios

Deja una respuesta.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *