¿Cómo prevenir complicaciones en los PICC-PORT?
La prevención de complicaciones en los PICC-PORT incluye el uso de técnica aséptica, antisepsia con clorhexidina, selección correcta del vaso y del material, así como el lavado y la monitorización continua del dispositivo, lo que permite reducir infecciones, trombosis y oclusiones y mejorar la seguridad del paciente.
¿Cómo reducir las infecciones en pacientes con PICC-PORT?
La reducción de infecciones en pacientes con PICC-PORT se basa en aplicar de forma estricta técnicas asépticas durante todo el proceso.
Esto implica una inserción con máxima barrera estéril y antisepsia con clorhexidina, un acceso seguro con higiene de manos, técnica estéril y uso de aguja Huber, y un mantenimiento adecuado con lavado correcto y vigilancia del dispositivo.
La aplicación conjunta de estas medidas en forma de bundles permite disminuir significativamente las infecciones relacionadas con el catéter.
Las cámaras venosas totalmente implantadas y, dentro de ellas, los PICC-PORT, constituyen en la actualidad uno de los dispositivos de acceso vascular más utilizados en pacientes oncológicos y en aquellos que requieren terapias intravenosas prolongadas. Su principal ventaja radica en la reducción del riesgo infeccioso en comparación con los catéteres externos, así como en la posibilidad de mantener un acceso venoso estable durante largos periodos con un mayor confort para el paciente.
Sin embargo, la literatura científica coincide en que su utilización no está exenta de complicaciones clínicamente relevantes. Entre ellas destacan la infección del torrente sanguíneo relacionada con el catéter, la trombosis, la oclusión del sistema y las complicaciones mecánicas asociadas tanto a la implantación como a su utilización posterior.
En este contexto, la evidencia actual enfatiza que la seguridad del PICC-PORT no depende únicamente de las características del dispositivo, sino fundamentalmente de la implementación sistemática de protocolos estructurados basados en la evidencia. Estos protocolos integran tres fases inseparables del cuidado: la inserción, el acceso al dispositivo y el mantenimiento del mismo (Gorski et al., 2021; INS, 2021; CDC, 2024).
La prevención de complicaciones debe entenderse como un proceso continuo que comienza antes de la implantación y se prolonga durante toda la vida útil del dispositivo. La aplicación consistente de bundles de cuidados ha demostrado reducir significativamente las tasas de infección, trombosis, oclusión y retirada prematura de los dispositivos de acceso vascular. Actualmente, la tendencia internacional se orienta hacia modelos de atención altamente protocolizados, donde cada una de las etapas del proceso asistencial dispone de recomendaciones específicas y procedimientos estandarizados.
La fase primera es la inserción segura: protocolo SIP-Port
La fase de implantación quirúrgica constituye un punto crítico en la prevención de infecciones precoces, trombosis y complicaciones mecánicas. Las guías internacionales recomiendan la aplicación de bundles de inserción basados en medidas de máxima seguridad que permitan minimizar la variabilidad clínica y garantizar procedimientos reproducibles.
En este contexto surge el protocolo SIP-Port (Safe Insertion of PICC-Ports), desarrollado por el grupo europeo GAVeCeLT bajo la dirección de Mauro Pittiruti. Su objetivo es estandarizar la implantación de los PICC-PORT y reducir al mínimo las complicaciones mecánicas, infecciosas y trombóticas asociadas al procedimiento.
El SIP-Port constituye actualmente uno de los modelos de referencia europeos en acceso vascular y se encuentra alineado con las recomendaciones internacionales sobre seguridad del paciente y prevención de infecciones relacionadas con dispositivos intravasculares.

1. Evaluación ecográfica preprocedimiento
Se realiza una valoración ecográfica sistemática del árbol venoso del miembro superior mediante el protocolo RaPeVA (Rapid Peripheral Venous Assessment), con el objetivo de seleccionar la vena más adecuada según su calibre, profundidad y accesibilidad.
Esta evaluación permite identificar alteraciones anatómicas, trombosis previas o condiciones que podrían incrementar el riesgo de complicaciones durante la inserción. La utilización sistemática de la ecografía ha demostrado mejorar las tasas de éxito y disminuir el número de intentos de punción.
2. Antisepsia y barreras máximas de protección
La prevención de infecciones comienza antes de la punción mediante la aplicación de medidas de máxima barrera estéril. Estas incluyen bata estéril, mascarilla, gorro, guantes estériles, cobertura completa de la sonda ecográfica y utilización de campos estériles amplios sobre el paciente.
La antisepsia cutánea debe realizarse mediante clorhexidina alcohólica al 2 %, considerada actualmente el estándar de referencia en prevención de infecciones asociadas a catéteres. Numerosos estudios han demostrado que la combinación de clorhexidina alcohólica y máxima barrera estéril reduce significativamente las infecciones relacionadas con dispositivos intravasculares.
3. Selección adecuada del vaso venoso
La selección del vaso constituye uno de los aspectos fundamentales en la prevención de complicaciones posteriores.
Se recomienda elegir venas con calibre suficiente para mantener un flujo sanguíneo adecuado alrededor del catéter. Aunque algunos autores consideran aceptable una ocupación del 45 % del diámetro venoso, la escuela europea liderada por GAVeCeLT recomienda que el catéter no ocupe más del 33 % del diámetro de la vena. Este criterio permite reducir la disminución o detección del flujo normal de la sangre y disminuir el riesgo de trombosis relacionada con el dispositivo.
Asimismo, debe evitarse la proximidad a estructuras nerviosas o arteriales que puedan incrementar el riesgo de complicaciones mecánicas.
4. Identificación de estructuras anatómicas
La visualización ecográfica permite identificar estructuras críticas como la arteria braquial y el nervio mediano antes de realizar la punción.
Este paso resulta esencial para evitar lesiones vasculares o neurológicas, especialmente en pacientes con anatomía compleja o antecedentes de múltiples accesos venosos.
5. Punción venosa ecoguiada
La canalización venosa debe realizarse siempre bajo control ecográfico en tiempo real.
La evidencia demuestra que la ecografía reduce los intentos fallidos, minimiza el traumatismo vascular y disminuye prácticamente a cero la posibilidad de punción accidental de estructuras arteriales o nerviosas.
6. Navegación y posicionamiento del catéter
El avance del catéter se realiza mediante técnicas de navegación intraprocedimiento y control ecográfico.
La correcta progresión del dispositivo permite minimizar las malposiciones y reducir la necesidad de maniobras correctoras posteriores.
7. Verificación intraoperatoria de la punta
La posición final de la punta debe verificarse mediante electrocardiografía intracavitaria (ECG-IC) o ecocardiografía transtorácica.
La localización ideal corresponde a la unión cavoauricular, donde el flujo sanguíneo elevado disminuye el riesgo de trombosis, oclusión y alteraciones funcionales del dispositivo.
8. Creación del bolsillo subcutáneo
La confección del reservorio subcutáneo debe realizarse mediante técnica estéril y respetando una profundidad adecuada.
Un reservorio excesivamente superficial aumenta el riesgo de erosión cutánea y dolor, mientras que una implantación demasiado profunda dificulta el acceso posterior y puede favorecer errores durante la punción.
Los estudios del grupo GAVeCeLT han demostrado que la aplicación sistemática del protocolo SIP-Port se asocia a una disminución significativa de complicaciones mecánicas, infecciosas y trombóticas, además de una elevada tasa de éxito en la primera punción y una mayor estandarización del procedimiento entre operadores.
También tiene especial importancia la retirada del dispositivo.
La maniobra de retirada del port no puede realizarse a pie de cama, sino que requiere un entorno exclusivo, como la sala de procedimientos de un hospital de día o una unidad de cuidados intensivos; en casos excepcionales, el quirófano puede ser una opción alternativa (aunque más cara y menos rentable); además, la retirada de los ports debe realizarse, según las recomendaciones Gavecelt 2024; preferentemente utilizando kits de procedimiento específicamente preparados para este fin, que contengan los dispositivos necesarios (mascarilla, gorro, campo estéril fenestrada, hoja de bisturí, jeringas, agujas, instrumentos quirúrgicos, etc.).
Recomendaciones clave (Gavecelt 2024) son las siguientes:
- Previo al procedimiento, control ecográfico de las venas en las que se encuentra el catéter, para excluir la presencia de trombosis venosa relacionada con el catéter;
- Antisepsia de la piel con clorhexidina al 2% en IPA al 70%;
- Anestesia local con un volumen adecuado
- Retirada del dispositivo, teniendo cuidado de retirar primero la parte intravascular del catéter y luego el resto del dispositivo;
- Cierre de la herida quirúrgica con sutura intradérmica monofilamento de rápida absorción + capa superficial de cianoacrilato. Si se retira el dispositivo debido a una infección de este y hay supuración en el tejido subcutáneo, la herida debe dejarse parcialmente abierta para que cicatrice por segunda intención.
- La retirada del acceso venoso central de larga duración la ha de realizar personal sanitario (médico o enfermero) formado específica y adecuadamente en la técnica.

Otro de los puntos que pueden dar lugar a complicaciones es el acceso a la cámara del PICC-PORT mediante la aguja Huber
El acceso repetido al reservorio mediante aguja no cortante tipo Huber constituye el principal punto de riesgo infeccioso del sistema. Aunque el reservorio permanece completamente implantado bajo la piel, cada acceso supone una interrupción temporal de la barrera cutánea protectora y, por tanto, una oportunidad potencial para la introducción de microorganismos.
Diversos estudios han demostrado que una proporción importante de las infecciones asociadas a dispositivos implantables no se originan durante la inserción del catéter, sino durante las manipulaciones posteriores realizadas a lo largo de su vida útil. Por este motivo, las guías internacionales consideran que la estandarización del acceso tiene una importancia comparable a la técnica de implantación.
El bundle de acceso incluye:
- Higiene de manos estricta antes de la manipulación.
- Antisepsia cutánea con clorhexidina alcohólica al 2 % con fricción durante al menos 30 segundos y respetando un tiempo de secado mínimo de 30 segundos.
- Técnica estéril completa durante la punción.
- Uso exclusivo de aguja tipo Huber.
- Aspiración de sangre para verificar la permeabilidad.
- Lavado con suero fisiológico antes y después de la administración mediante técnica pulsátil y presión positiva en la retirada de la aguja.
- Cambio de aguja cada 7 días en accesos prolongados.
- Utilización de apósitos transparentes estériles.
La higiene de manos continúa siendo la medida aislada más eficaz para prevenir la transmisión cruzada de microorganismos. La contaminación de las manos del profesional sanitario puede favorecer la colonización de conectores, agujas y superficies estériles, facilitando la aparición de bacteriemias relacionadas con el dispositivo.
La antisepsia cutánea mediante clorhexidina alcohólica al 2 % se considera actualmente el estándar de referencia debido a su rápida acción bactericida y a su efecto residual prolongado sobre la piel. La fricción mecánica durante al menos 30 segundos permite eliminar la flora transitoria y reducir significativamente la carga microbiana presente en la zona de punción. Igualmente, importante es respetar el tiempo de secado completo del antiséptico, ya que la actividad máxima de la clorhexidina se alcanza una vez evaporado el componente alcohólico. La utilización de técnica estéril completa durante la punción minimiza la transferencia de microorganismos desde el entorno hacia el reservorio. La evidencia demuestra que la combinación de higiene de manos, antisepsia adecuada y técnica aséptica produce un efecto sinérgico, reduciendo significativamente la incidencia de infecciones asociadas al port.
Importancia de la selección correcta de la aguja Huber
La elección de la aguja Huber adecuada es un aspecto frecuentemente infravalorado que puede influir directamente en la seguridad y funcionalidad del dispositivo.
Las agujas Huber presentan una punta no cortante diseñada específicamente para atravesar la membrana de silicona del reservorio sin dañarla. Este diseño permite miles de punciones a lo largo de la vida útil del dispositivo manteniendo la integridad del septum.
La longitud de la aguja debe seleccionarse de forma individualizada en función del espesor del tejido subcutáneo y de la profundidad a la que se encuentre implantado el reservorio. Una aguja demasiado corta puede no alcanzar completamente la cámara, provocando extravasación de medicamentos al tejido subcutáneo. Esta situación adquiere especial relevancia durante la administración de fármacos vesicantes, como algunos agentes quimioterápicos, debido al riesgo de necrosis tisular.
Por el contrario, una aguja excesivamente larga puede generar molestias importantes, dificultar la fijación del sistema y aumentar el riesgo de desplazamiento accidental. Además, una presión excesiva sobre el fondo de la cámara puede favorecer el deterioro progresivo del reservorio.
La correcta selección de la aguja, junto con la verificación sistemática del retorno venoso antes de cada administración, constituye una medida esencial para garantizar la seguridad terapéutica y prevenir complicaciones graves.

La Infusion Nurses Society (2021) señala que la manipulación del puerto es uno de los factores más directamente asociados a bacteriemia relacionada con dispositivos implantables. Asimismo, la evidencia acumulada indica que la estandarización del acceso reduce significativamente las tasas de infección, especialmente cuando se combinan antisepsia, técnica no-touch y educación del personal sanitario (Gorski et al., 2021).
Una parte importante también es el Mantenimiento del PICC-PORT
La fase de mantenimiento representa el periodo más prolongado de exposición al riesgo durante la vida útil del dispositivo y constituye un factor determinante en la prevención de complicaciones tardías.
La fase de mantenimiento es determinante en la prevención de complicaciones tardías, especialmente en pacientes ambulatorios
Las medidas recomendadas incluyen:
- Técnica de lavado pulsátil (push-pause) para mejorar la limpieza intraluminal.
- Sellado del sistema (locking) con solución salina.
- Evitar el reflujo sanguíneo en la cámara durante la manipulación.
- Inspección sistemática del sitio de punción en cada uso.
- Educación del paciente en signos de infección o disfunción.
- Registro estandarizado de todas las manipulaciones.
Un port correctamente implantado puede permanecer funcional durante años; sin embargo, la ausencia de protocolos estandarizados de mantenimiento incrementa significativamente la probabilidad de complicaciones infecciosas, trombóticas y mecánicas.
El lavado pulsátil o técnica push-pause constituye una de las intervenciones más importantes para preservar la permeabilidad del sistema. La generación de turbulencias dentro del lumen favorece la eliminación de restos hemáticos, fibrina y residuos farmacológicos que podrían adherirse a las paredes internas del catéter.
El sellado con solución salina tiene como objetivo mantener la permeabilidad intraluminal entre utilizaciones y prevenir la formación de depósitos intravasculares. Aunque históricamente se empleó heparina de forma rutinaria, la evidencia más reciente demuestra que en la mayoría de los dispositivos implantables el sellado con solución salina es igualmente eficaz cuando se realiza mediante protocolos adecuados.
La inspección sistemática del reservorio y de la piel circundante permite detectar precozmente signos de infección, desplazamiento, erosión cutánea o extravasación. La identificación temprana de estas complicaciones facilita una intervención rápida y evita situaciones potencialmente graves.
La educación del paciente constituye un componente fundamental del mantenimiento. Los pacientes deben conocer los signos y síntomas sugestivos de infección, trombosis u oclusión, incluyendo dolor, inflamación, enrojecimiento, fiebre, dificultad para la infusión o ausencia de retorno sanguíneo.
La evidencia muestra que los bundles de mantenimiento pueden reducir las infecciones del torrente sanguíneo asociadas al port entre un 30 % y un 60 % en contextos con elevada adherencia a los protocolos establecidos (Alexandrou et al., 2021; Campagna et al., 2022).
Prevención de la trombosis
La trombosis relacionada con catéteres venosos centrales es una complicación multifactorial que puede comprometer tanto la funcionalidad del dispositivo como la seguridad del paciente.
Aunque menos frecuente que en catéteres externos, la trombosis venosa central sigue siendo una complicación relevante. La trombosis venosa debe diferenciarse de la oclusión de la luz causada por coágulos y de la llamada “vaina de fibrina”, que en realidad es una vaina fibroblástica, que progresivamente tiende a cubrir el catéter en su tracto intravascular, y que debe interpretarse como una reacción a cuerpo extraño por parte del tejido sanguíneo.

En la ecografía, la vaina fibroblastica, se ve como una funda colocada alrededor de las paredes externas del catéter, en cualquier punto de su recorrido; típicamente, no se adhiere a las paredes del endotelio, pero puede cubrir el catéter en toda su longitud, interfiriendo con su funcionamiento. Al retirar el catéter, a menudo todavía se puede apreciar ecográficamente esta vaina mientras flota dentro de la luz venosa. No supone riesgo de embolia pulmonar. Al ser un tejido conectivo, no es sensible a los trombolíticos.
Las estrategias preventivas incluyen:
- Colocación correcta del catéter en vena cava superior. Con veno puncion ecoguiada
- Selección adecuada del calibre del sistema.
- Evitar la inserción de un acceso venoso cerca o en el mismo lado de una trombosis venosa reciente;
- Minimización de manipulaciones innecesarias.
- Evaluación individualizada del riesgo trombótico del paciente; prevención con antitrombóticos en dosis profilácticas sólo en pacientes seleccionados (con trombosis venosa previa relacionada con catéter; patologías trombofílicas congénitas; trombosis venosa previa no relacionada con catéter en pacientes que padecen patologías que se sabe que están asociadas con riesgo trombótico; etc.).
La trombosis relacionada con catéteres venosos centrales es una complicación multifactorial en la que intervienen mecanismos descritos clásicamente por la tríada de Virchow: lesión endotelial, alteración del flujo sanguíneo e hipercoagulabilidad.
Los pacientes oncológicos presentan un riesgo particularmente elevado debido al estado protrombótico asociado a la enfermedad neoplásica y a determinados tratamientos antitumorales. Aunque los PICC-PORT presentan tasas de trombosis inferiores a otros dispositivos de acceso vascular, la aparición de un evento trombótico puede provocar pérdida del acceso venoso, interrupción de tratamientos y complicaciones potencialmente graves como la embolia pulmonar.
La prevención comienza durante la fase de inserción. La selección de una vena con calibre adecuado permite mantener un flujo sanguíneo suficiente alrededor del catéter, reduciendo la estasis venosa. Las recomendaciones europeas defienden una ocupación máxima aproximada del 33 % del diámetro venoso para preservar el flujo pericatéter y minimizar la irritación de la pared vascular.
La correcta ubicación de la punta en la unión cavoauricular también desempeña un papel fundamental. Las posiciones demasiado proximales pueden favorecer turbulencias, alteraciones del flujo y mayor contacto del catéter con el endotelio vascular, aumentando el riesgo trombótico.
Las guías de la American Society of Clinical Oncology establecen que no se recomienda anticoagulación profiláctica de rutina en pacientes portadores de catéteres venosos centrales, incluidos los dispositivos implantables. Por ello, la prevención actual se fundamenta principalmente en la técnica adecuada de inserción, la selección correcta del dispositivo y el mantenimiento apropiado del sistema (Khorana et al., 2020).
Prevención de la oclusión del sistema
La oclusión constituye una de las principales causas de pérdida funcional de los dispositivos implantables y puede clasificarse en mecánica, trombótica o secundaria a precipitados farmacológicos.
Las medidas preventivas basadas en la evidencia incluyen:
- Lavado con suero fisiológico antes y después del uso.
- Técnica pulsátil para favorecer la limpieza del lumen.
- Uso de jeringas de 10 mL o superiores para evitar presión excesiva.
- Evitar la administración de fármacos incompatibles sin lavado intermedio.
- No forzar la inyección ante la aparición de resistencia.
La mayoría de las oclusiones son prevenibles mediante una técnica correcta de lavado y mantenimiento. El lavado pulsátil genera turbulencias dentro del lumen del catéter que favorecen el desprendimiento de residuos hemáticos, depósitos de fibrina y restos de medicación adheridos a las paredes internas.
La utilización de jeringas de al menos 10 mL responde a principios físicos relacionados con la presión intraluminal. Las jeringas de menor tamaño generan presiones considerablemente superiores que pueden dañar el catéter o comprometer la integridad estructural del sistema.
Otro aspecto crítico es la prevención de incompatibilidades farmacológicas. La administración secuencial de medicamentos sin lavado intermedio puede favorecer la formación de precipitados capaces de obstruir parcial o totalmente el lumen del dispositivo. Este riesgo aumenta cuando se administran soluciones con diferencias importantes de pH o composición química.
La detección precoz de signos de disfunción, como dificultad para aspirar sangre o aumento de resistencia durante la infusión, permite intervenir antes de que la oclusión se vuelva irreversible y requiera procedimientos de desobstrucción o incluso la retirada del dispositivo.
La literatura reciente indica que la oclusión está más relacionada con errores de técnica de manipulación, precipitación farmacológica y formación de vainas de fibrina que con defectos propios del dispositivo (Dougherty, 2021; Xiong et al., 2021)
Especial importancia:
La prevención o el tratamiento de la infección representan una causa importante de morbilidad y mortalidad y son responsables de prolongar las estancias hospitalarias y aumentar los costes.
La tendencia actual en la evidencia científica es la implementación de bundles multimodales integrados, que combinan inserción segura, acceso estéril y mantenimiento estandarizado.
En la prevención de complicaciones relacionadas con el uso de catéteres venosos y especialmente de CRBSI, el uso de bundles ha demostrado ser particularmente útil, con verificación del cumplimiento mediante check list específicas.
Es importante hacer un correcto diagnóstico, mediante la obtención de hemocultivos periféricos y centrales y hacer una correcta interpretación de estos.

El uso de todo lo expuesto anteriormente ayuda a reducir la infección del dispositivo, usado bundle de inserción segura, correcto acceso y mantenimiento de este.
La evolución de la evidencia científica durante la última década ha demostrado que las intervenciones aisladas producen beneficios limitados cuando no se integran dentro de un programa estructurado de calidad asistencial.
El concepto de bundle se basa en la aplicación simultánea y consistente de un conjunto reducido de medidas basadas en la evidencia que, implementadas de forma conjunta, generan resultados superiores a la suma de sus efectos individuales.
Los bundles modernos para PICC-PORT integran intervenciones en tres niveles fundamentales: inserción segura, acceso estandarizado y mantenimiento protocolizado. A ello se añaden programas de formación continuada, auditorías periódicas de cumplimiento, retroalimentación de resultados y monitorización sistemática de indicadores de calidad.
La literatura demuestra que los centros con mayores tasas de adherencia a bundles presentan reducciones significativas en infecciones del torrente sanguíneo, trombosis relacionadas con catéter, oclusiones y retiradas prematuras del dispositivo. Además, estos programas se asocian a una disminución de costes sanitarios derivados de complicaciones evitables y a una mejora de la experiencia del paciente.
Por tanto, la prevención moderna de complicaciones en PICC-PORT no debe entenderse como la aplicación de medidas aisladas, sino como la implantación de una auténtica cultura de seguridad basada en protocolos estandarizados, formación continua, evaluación permanente de resultados y mejora continua de la práctica clínica.
Además, se ha demostrado que la adherencia a protocolos estructurados y auditados es uno de los factores más determinantes para reducir los eventos adversos relacionados con dispositivos de acceso vascular (Moureau et al., 2020; Dobrescu et al., 2025). De esta manera, los bundles multimodales se han consolidado como el modelo de referencia para alcanzar la excelencia clínica en el manejo de los PICC-PORT.
Conclusiones
La prevención de complicaciones en los PICC-PORT requiere una visión integral que abarque todas las fases del proceso asistencial. La evidencia científica demuestra que la combinación de inserción ecoguiada mediante protocolos estructurados como SIP-Port, acceso estéril estandarizado, mantenimiento protocolizado y programas de formación continuada constituye la estrategia más eficaz para reducir infecciones, trombosis, oclusiones y complicaciones mecánicas.
La adopción de bundles multimodales basados en la evidencia no solo mejora los resultados clínicos y la seguridad del paciente, sino que también contribuye a prolongar la vida útil del dispositivo, optimizar los recursos sanitariosy promover una auténtica cultura de excelencia en acceso vascular.
Referencias
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Campagna, S., et al. (2022). Complications of central venous access devices: systematic review. International Journal of Nursing Studies.
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Dougherty, L. (2021). IV therapy: preventing catheter occlusion. Nursing Standard.
Gorski, L. A., et al. (2021). Infusion therapy standards of practice. Journal of Infusion Nursing.
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Recomendaciones Gavecelt 2024para las indicaciones, la insercion y la gestionede los dispositivos para acceso venoso. Mauro Pittiruti y Giancarlo Scoppettuolo






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