
Implantación de PICC-Port con fluoroscopia en el servicio de radiología intervencionista del Hospital General de Catalunya
En los últimos años, los equipos de radiología intervencionista han asumido un papel cada vez más decisivo en la optimización del acceso vascular, impulsando técnicas menos invasivas y más eficientes para pacientes que requieren terapias intravenosas prolongadas. La implantación de PICC‑Port mediante fluoroscopia se ha convertido en una alternativa sólida al reservorio torácico tradicional en estos servicios. Ofreciendo un procedimiento más ágil, con menor consumo de recursos hospitalarios y una experiencia significativamente más cómoda para el paciente. En este contexto, la experiencia del Hospital General de Catalunya resulta especialmente valiosa para comprender cómo esta técnica puede transformar la práctica clínica diaria y elevar el estándar de seguridad.
Consolidación del EIAV como unidad especializada en acceso vascular seguro
El equipo de infusión y acceso vascular fue creado en 2021, impulsado por una enfermera de radiología, una de UCI y el supervisor de radiología.
Este EIAV, inició su actividad colocando catéteres PICC y líneas medias con los recursos con los que contaban: una sala con una camilla y un ecógrafo, donde se implantaban los catéteres de línea media; y una sala de telemando híbrido (RX convencional / fluoroscopia), donde se insertaban los PICC, es decir, los catéteres centrales.
La forma de comprobación de la correcta colocación de la punta del catéter en este equipo se realizaba en esta segunda sala mediante fluoroscopia.
Este EIAV implantaba catéteres PICC y Midline principalmente en pacientes hospitalizados que requerían terapia intravenosa. Las indicaciones de canalización para estos pacientes eran por ser caracterizados como pacientes DIVA, necesidad de tratamiento intravenoso superior a 7 días, nutrición parenteral, administración de fármacos irritantes o vesicantes y pacientes que requerían tratamiento intravenoso inferior a 2-3 meses derivados de hospital de día.
Hasta este momento del que hablamos, los pacientes oncológicos que requerían tratamiento intravenoso superior a 3-4 meses se derivaban a cirugía para la implantación de puertos torácicos. Se realizaba una implantación sin soporte ecográfico y con el paciente sedado.
Tras tres años de experiencia, en 2024; el EIAV presentó a la dirección el proyecto de PICC-Port donde se destacaba que los implantadores deberían ser enfermeros expertos en acceso vascular, que el riesgo de complicaciones durante el procedimiento era muy bajo, el no requerimiento de sedación del paciente ni uso de quirófano, liberando así a otros profesionales como cirujanos y anestesistas; y finalmente disminuyendo los costes hospitalarios. Por ello, se empezó así ha establecer un estándar de implantación de PICC-Port con fluoroscopia.
Técnica de implantación con fluoroscopia
Aunque las guías internacionales establecen la comprobación mediante ECG‑IG como el gold estándar para confirmar la posición de la punta del catéter por su precisión, ausencia de radiación y excelente rendimiento clínico, en los servicios de radiología intervencionista la fluoroscopia continúa siendo una alternativa plenamente válida y ampliamente utilizada para la inserción de PICC y PICC‑Port. En el caso del EIAV, fue la primera técnica disponible y el equipo ya estaba altamente familiarizado con su uso.
La fluoroscopia permite visualizar en tiempo real la progresión del catéter durante la inserción, detectar y corregir bucles, y comprobar tanto la ubicación exacta de la punta como la conexión adecuada entre el catéter y la cámara del reservorio, asegurando que no existan acodamientos. Esta visión directa ofrece un control completo del procedimiento y una verificación inmediata de la correcta implantación.
Procedimiento de inserción del PICC-Port
El procedimiento comienza con la selección de la vena adecuada mediante ecografía, marcando sobre la piel el punto de inserción en el brazo del paciente. A continuación, se realiza la punción ecoguiada y, una vez canalizada la vena, se introduce el catéter y se retira el dilatador.
Una vez colocado este, comprobaremos con un disparo de fluoroscopia si la punta está en su situación idónea, y en caso de que no sea así se recoloca el catéter y se vuelve a realizar otro disparo, hasta que la punta esté correctamente colocada.
Tras todo ello, se realiza el bolsillo subcutáneo, y en caso de necesitar tunelización se realiza en este paso. Se realiza una nueva comprobación con fluoroscopia para ver que la punta del catéter sigue en su sitio. Una vez llevada a cabo, se implanta la cámara dentro del bolsillo subcutáneo. Para finalizar y ver la funcionalidad del catéter se realiza una infusión con suero fisiológico.
Además, para observar que no se han producido acodamientos en este procedimiento, se realiza una radiografía del brazo del paciente donde queda insertado el DAV, y comprobar así que está correcto.
Ventajas e inconvenientes de la fluoroscopia
La fluoroscopia es un método ampliamente utilizado en los equipos de radiología intervencionista que permite visualizar en tiempo real la progresión del catéter, detectar malposiciones y resolver complicaciones durante la inserción. Aunque las guías clínicas actuales consideran la comprobación mediante ECG‑IG como el gold estándar para confirmar la posición de la punta por su elevada precisión y ausencia de radiación, en los servicios donde la fluoroscopia está integrada en la práctica habitual constituye una alternativa válida, segura y con amplio respaldo.
Su capacidad para mostrar directamente el trayecto del catéter y corregir anomalías intraprocedimiento convierte esta técnica en una herramienta útil para asegurar un posicionamiento adecuado y una correcta conexión entre la cámara y el catéter.
Ventajas:
- Permite un control en tiempo real de la progresión del catéter
- Permite la localización de la punta del catéter
- Es posible solucionar complicaciones intraprocedimiento
- No es un factor limitante que los pacientes lleven marcapasos o tengan alteraciones del ritmo cardíaco
Inconvenientes:
- Radiación del paciente
- Se debe implantar en una sala con un equipo de fluoroscopia. Telemando, radiología intervencionista y escopia en el quirófano
Aun teniendo en cuenta estas consideraciones, la radiación empleada en la implantación de un PICC‑Port mediante fluoroscopia suele ser baja, y en la mayoría de los procedimientos se mantiene por debajo de los valores habituales en exploraciones radiológicas convencionales. Para ilustrar este punto y contextualizar su impacto real, presentamos a continuación un caso especialmente complejo en el que, debido a un bucle persistente en el trayecto del catéter, fue necesario prolongar la fluoroscopia hasta un minuto completo. Incluso en este escenario poco frecuente, la dosis total recibida por el paciente fue de 0,943 Gy·cm², manteniéndose dentro de márgenes considerados seguros para este tipo de procedimientos.
Para poner en materia dicha cifra es importante saber que dicha dosis es una dosis de radiación baja en comparación con procedimientos de radiología simple (radiografías musculoesqueléticas) y muy por debajo de procedimientos intervencionistas, los cuales emplean 20Gycm2 que es 20 veces más de radiación que en la inserción del catéter.
La dosis instaurada en la inserción de este catéter supone un 81% de la dosis fondo anual, la cual indica la dosis anual que recibimos cualquier ser humano, este porcentaje hablando en el caso complejo de radiación durante más tiempo debido al bucle del catéter.
En caso de una inserción sencilla, solamente con la fluoroscopia necesaria sin complicaciones, se emplean 0,192Gycm2, donde se observa que es una dosis muy baja frente a los procedimientos anteriormente mencionados, lo que supone 1/3 de la dosis de radiación que recibimos en un año.
Conclusiones
La fluoroscopia permite una implantación de PICC‑Port segura, precisa y con mínima radiación, incluso en escenarios complejos. Su uso facilita la resolución de incidencias intraprocedimiento, garantiza un posicionamiento exacto del catéter y reduce la necesidad de quirófano y sedación, ofreciendo un proceso más ágil y menos invasivo para el paciente.
Además, este modelo permite integrar soluciones como el PICC‑Port dentro del recorrido natural de la radiología, fortaleciendo el papel de los equipos especializados y optimizando los recursos.





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