El acceso vascular central es un componente esencial del tratamiento del cáncer, ya que permite la administración segura y eficaz de quimioterapia, nutrición parenteral y otros fármacos. Sin embargo, no está exento de riesgos. Pueden producirse infecciones, trombosis, dislocaciones y oclusiones, lo que afecta a la seguridad del paciente, la eficacia del tratamiento y los costes.
La técnica de tunelización se ha impuesto como una estrategia para reducir los riesgos y optimizar la funcionalidad del acceso.

Dificultades anatómicas y criterios para el punto de salida
El lugar óptimo para la punción venosa no siempre coincide con el punto de salida cutáneo ideal. Factores como las traqueotomías, una anatomía vascular limitada o la presencia de otros dispositivos pueden hacer necesario realizar punciones en zonas menos favorables. El punto de salida ideal debe presentar una baja colonización bacteriana, estabilidad, poca humedad y vello, estar alejado de fuentes de contaminación (boca, traqueotomía, perineo) y ser fácil de manejar. Estas condiciones reducen el riesgo de infección y facilitan el cuidado del dispositivo.
Por este motivo, la técnica de tunelización consiste en crear una vía subcutánea entre el punto de punción venosa y el punto de salida a la piel, lo que ofrece importantes ventajas. En primer lugar, reduce el riesgo de infección al aumentar la distancia entre el punto de entrada vascular y las zonas altamente contaminadas (cuello, ingle, alrededor de estomas, etc.), lo que disminuye la contaminación extraluminal. En segundo lugar, mejora la estabilidad del catéter y reduce el riesgo de desplazamiento involuntario, especialmente cuando se combina con manguitos o sistemas de anclaje subcutáneo. Además, permite la punción de venas de mayor calibre, lo que ayuda a reducir el riesgo de trombosis y prolonga la vida útil del dispositivo, transformando un PICC tunelizado en un acceso a largo plazo.
El tunelizado se utiliza en diferentes dispositivos: PICC, CICC y FICC, así como en puertos implantables. En el caso del PICC, la técnica permite insertar el catéter en venas cercanas a la axila y obtener un punto de salida en la parte media del brazo, lo que mejora la ergonomía y reduce las complicaciones. En el caso de los CICC, los túneles se utilizan hacia zonas infraclaviculares o incluso por vías extremas hacia el tórax o la espalda, dependiendo de la anatomía y las necesidades del paciente. En los FICC, el tunelizado permite obtener puntos de salida alejados del perineo, como la parte media del muslo o el abdomen, lo que reduce el riesgo de infección. El protocolo RAVESTO orienta la decisión sobre cuándo y en qué medida realizar el tunelizado, estandarizando la práctica y proporcionando un marco formativo para los operadores.
Esta técnica requiere catéteres adecuados y el uso del método de Seldinger modificado, que facilita la creación del túnel. Los catéteres diseñados para la técnica de tunelización tienen la longitud adecuada y permiten aplicar técnicas anterógradas o retrógradas, dependiendo del modelo. La única contraindicación relevante es la presencia de trastornos de coagulación significativos, ya sean espontáneos o inducidos por un tratamiento antitrombótico, lo que aumenta el riesgo de hemorragia durante la intervención.

Conclusiones
La creación de túneles es una técnica sencilla y rentable que mejora la seguridad del acceso vascular en oncología. Permite combinar un lugar óptimo para la punción venosa con un punto de salida cutáneo ideal, lo que reduce las complicaciones tempranas y tardías, prolonga la vida útil del dispositivo y aumenta el confort del paciente. Su implementación sistemática, guiada por protocolos como RAVESTO, contribuye a la estandarización de la práctica clínica y a la formación del personal, consolidando su papel como estrategia clave en la optimización del acceso vascular.





0 comentarios